Una vida de un vistazo

Hace unos años al llegar a vivir definitivamente a un lugar de Almería, Vera de cuyo nombre me acuerdo cada día, entré en una fase de mi vida «La Jubilación» que me ha permitido reducir primero de forma inconsciente, y despues de forma habitual la velocidad con la que puedo ver todo aquello que pasa a mi alrededor.
Día tras día brotan en mi mente comentarios, al hilo de las distintas situaciones que uno va viendo.
Por ello he decidido reflejar en este nuevo hilo de mi blog estos pensamientos, en forma de pequeñas píldoras.

La República Independiente de mi Urbanización

Urbanización Veranda Mar en Vera

Si, ya se que la cabecera que he escrito, seguro que la has oido antes o al menos te suena. Efectivamente es un eslogan de Ikea que textualmente hablaba de la República Independiente de mi casa, relacionándolo con la voluntad y la capacidad de cada persona para hacer lo que realmente le diera la gana, siempre que se circunscribiera al ámbito de su propio domicilio.
En este caso, viene a cuento para hablar de aquellos propietarios que viven en comunidades constituidas como tal, que de manera similar a nuestros peores políticos, utilizan las mismas artimañas, mentiras, falsedades y demagogia para poder conseguir ser elegido como Presidente de la Comunidad.
Curiosamente estos mismos tipos, suelen ser personas de baja empatía con los demás, muy del ordeno y mando y con un acentuado aprecio por su ego personal, y que se consideran dotados por encima de los demás y con capacidad para decidir lo que es verdad o mentira sin equivocarse nunca.
Suele coincidir que estos mismos personajes suelen tener una vida personal en la que tienen la idea de estar un escalón por debajo del resto de su entorno, asociada a una elevada sensación de estar castrados en relación a su capacidad de decisión, que por una parte les impide cambiar su entorno y por otra les frena en cambiar ellos mismos.
Es por ello que una vez elegidos Presidente de Comunidad, destapan sus ansias de ordeno y mando y entran en una dinámica unipersonal que les impide compartir o consultar sus decisiones y terminan enfrentados a todos por una gestión y un trato personal muy mejorables en ambos casos, y que los convierte en ese horrible personaje retratado satíricamente por Charles Chaplin en «El pequeño dictador«, aunque mucho menos divertidos y entrañables y mucho más peligrosos. Y esto que antes era directamente aplicable a los hombres aspirantes a Presidentes de Comunidad, desgraciadamente se ha extendido también a ese grupo de mujeres que queriendo ser como los hombres han incorporado también, estas malas artes a su personalidad.
Aquí en mi Comunidad, tenemos desde hace muy poco a nuestro pequeño dictador, se llama Carmen y cumple todos los estándares, incluso algunos los supera con creces. ¡Qué Dios nos coja confesados!

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